Dignidad y hermosura

Al entrar en el Castillo, dentro de ti, lo primero que encuentras es la gran dignidad y hermosura del ser humano. La persona es sagrada. Por mucho que nos hayamos equivocado, por mucho daño hecho a otros…, tu dignidad no te la quita nadie.

Tu dignidad y hermosura. Somos una belleza, hemos sido creados (criados, dirá Teresa) a imagen y semejanza de Dios. En la morada 7 descubriremos esta maravilla en plenitud: eres un retrato sacado al vivo en Cristo muerto y resucitado.

Un Dios que quiere comunicarse contigo y lo primero que hace es ponerte de pie, reconocerte digno de hablar con Él. Al profeta Ezequiel Yahvé le dice siempre: – hijo de Adán, ponte en pie. “Levantarse” en la Biblia equivale a resucitar. Por eso Jesús de Nazaret ponía en pie a la gente. Si lo crees y vives ya ha comenzado tu resurrección.

Descubre tu belleza y dignidad sin miedo. Comienza a quererte como te quiere Dios. Y cuando te encuentres con otro, admira su dignidad y hermosura. Son sagrados, como tú. En sus ojos verás las consecuencias morales: Nadie puede ser abusado, ni violado. Sus derechos deben ser respetados. Son seres sagrados, dignos y bellos. Defenderás al pobre y al indigente de cualquier raza y color. Es tan grande su dignidad y hermosura que estarás dispuesto a dar la vida por uno de ellos. Si a ti te respetan y valoran, haz lo mismo.

Mira al otro y a ti mismo como a una maravilla de la creación.

2 respuestas a “Dignidad y hermosura

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