Entrad, entrad, en lo interior

Vivimos en sociedades aceleradas donde todo lo queremos conseguir de inmediato. El tiempo y el esfuerzo parecen haber desaparecido, las pastillas legales o ilegales hacen efecto en minutos. Quisiéramos que en la vida espiritual sucediera lo mismo. Si procuramos ser honrados, llevar una vida de oración, ¿por qué a Dios le cuesta tanto darse a conocer? ¿aún falta mucho para llegar a las séptimas moradas? Cuánto me gustaría acortar este viaje y hacerlo más llevadero para que muchos se unieran a la aventura. Sin embargo, Teresa nos advierte de la tentación, propia de las terceras moradas: querer crecer espiritualmente sin cambiar nuestra forma de vivir y nuestro corazón. O tener la seguridad de ser mejores que los demás por haber llegado hasta aquí. Para responder a la primera tentación, Teresa nos propone un pequeño examen práctico que puedes encontrar en el segundo capítulo de las terceras moradas.

Tiene una persona rica y sin hijos un deseo insatisfecho por tener más, “¿cómo ha de pedirle nuestro Señor que lo deje todo por Él?” Lo mismo si desea aumentar su hacienda (leer M 3.2.4). Sigue diciendo con otro ejemplo de quienes de ninguna manera aceptan perder la honra, o que hablen mal de ellos, o la desprecien, o calumnien. Luego lo aplica a las monjas (nº 6) para advertirles que aunque no tengan esas tentaciones tienen otras y deben mirar “si estáis bien desnudas de lo que dejasteis (…) y entender si estáis señoras de vuestras pasiones (…). Procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad , sino la suya”.

Aconsejo a los siervos del amor repasar las renuncias al mal propuestas por la Iglesia en el ritual bautismal, mirar de frente el rostro del demonio a partir de las preguntas y procurar por todos los medios incorporarlas a la vida, no vaya a ser que seamos de aquellos que “canonizan”, como dice Teresa.

Renunciáis a creeros superiores a los demás, esto es, a cualquier tipo de:
— abuso;
— discriminación;
— fariseísmo, hipocresía, cinismo;
— orgullo;
— egoísmo personal;
— desprecio.
R/. Sí, renuncio.

Renunciáis a inhibiros ante las injusticias y necesidades de las personas e instituciones por:
— cobardía;
— pereza;
— comodidad;
— ventajas personales.
R/. Sí, renuncio.

Renunciáis a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
— el dinero como la aspiración suprema d.e la vida;
— el placer ante todo;
— el negocio como valor
— el propio bien por encima del bien común.
R/. Sí, renuncio.

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