Aprende a Recogerte

En la oración de meditación de las segundas moradas dijimos que al final nos dejásemos mirar por Jesús. En las terceras moradas seguiremos haciendo oración de meditación con la Palabra de Dios de cada día con una novedad, en lugar de mirar y dejarnos mirar con amor, nos esforzaremos por aprender a recogernos. Es la capacidad de los humanos de concentrarnos, meternos dentro, hasta apagar los ruidos de imágenes, pensamientos, etcétera, y quedarnos en silencio. Con esfuerzo, tiempo y perseverancia en pocos meses conseguiremos replegar hacia el interior el bullicio, iremos silenciando todo sin anularlo, tenderemos a cerrar los ojos y a quedarnos quietos.

No buscamos el vacío, ni una zona oscura donde permanecer en silencio. El cristiano aprendiz de recogido, se queda en silencio a la espera de un diálogo personal con Jesús nuestro Señor. El silencio es para quedarse a la escucha, con los oídos abiertos y la mirada del águila. El preámbulo del silencio recogido se debe a que todavía no bulle el amor en nuestra relación con Él y hemos de acostumbrarnos a acallar los ruidos para escucharle. En cuanto nazca el amor, en cuanto la amistad se convierta en algo más, a un no sé qué parecido al cariño, el acto de recogernos durará segundos, los mismos que nos cuesta hacer un click con los dedos, o al caracol o erizo retirarse a su interior.

Esto es lo que buscan muchas de las técnicas propuestas por los nuevos métodos de oración de origen oriental. Con algunas diferencias abismales, en el caso de Teresa no se privilegia el método, ni el recogimiento se considera ningún fin. Es un simple medio para serenar el interior e iniciar un dialogo amoroso con una Persona: Jesucristo. Ni tampoco se dan indicaciones acerca de posturas, respiración, etcétera. Quizás a algunas personas proclives al despiste pueda ayudarles como primer paso para iniciar el dialogo con Cristo. Mi experiencia me dicta que lo mejor al principio es dar tiempo a Jesucristo, bastante tiempo, y un poquito de esfuerzo hasta que consigamos serenar los ruidos interiores. La maestra nos dirá que en medio año o un año lo habremos aprendido, aunque bien sabe ella que no hay medida exacta, porque el deseo y el amor hacen trizas cualquier pronóstico.

Tener la vista puesta en el sagrario donde nuestra fe nos asegura la presencia de Jesucristo, puede ser de gran ayuda. También la ayuda de una imagen religiosa que nos despierte el amor de Jesús, María, o algún santo de nuestra devoción.

Si cuando quieras estar en oración recogida tardas breves segundos en recogerte, quedarte en silencio y a la escucha y centrado en el único punto que es Jesús, puedes afirmar que ya has aprendido el arte de recogerte. Te vendrá muy bien, para la oración y para otros muchos aspectos de la vida diaria. Será de gran utilidad para escuchar a otras personas. Cuando debas hacerlo por profesión, o sencillamente en tu relaciones normales, en un plis plas estarás concentrado, dispuesto escuchar, teniendo a Jesús bien cerca. Escucharás desde el hondón, desde el centro de ti y será muy beneficioso para ambas partes.

Lo dicho va a dar un salto en su ser y hacer cuando añadamos en el siguiente post los primeros destellos de una amistad con Jesús convertida en amor. El aprendizaje al recogimiento dará un salto cualitativo si sabemos que alguien querido nos espera más allá de las brumas de nuestros pensamientos. Antes os dejo unos textos teresianos.

Nota. Del recogimiento trata, como hemos dicho, la tercera morada. A él hay que añadir el último capítulo de las cuartas moradas que por olvido aparece donde no debía. Allí distingue lo contentos de los gustos. Lo dejaremos para más adelante. También hay textos paralelos en Vida y Camino. Nos interesa ahora centrarnos en los capítulos 26-29 de Camino de Perfección, códice de Valladolid y aprender bien qué es el arte de recogerse.

“Este modo de rezar, aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y es oración que trae consigo muchos bienes. Llámase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud, que de ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma, puede pensar en la Pasión y representar allí al Hijo y ofrecerle al Padre y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Calvario y al huerto y a la columna. 

Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que le hizo, y la tierra, y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo. Es como el que va en una nao, que con un poco de buen viento se pone en el fin de la jornada en pocos días, y los que van por tierra tárdanse más” (C 28.4-5).

“Estos están ya, como dicen, puestos en la mar; que, aunque del todo no han dejado la tierra, por aquel rato hacen lo que pueden por librarse de ella, recogiendo sus sentidos a sí mismos. Si es verdadero el recogimiento, siéntese muy claro, porque hace alguna operación. No sé cómo lo dé a entender. Quien lo tuviere, sí entenderá. Es que parece se levanta el alma con el juego, que ya ve lo es las cosas del mundo. Alzase al mejor tiempo y como quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios: un retirarse los sentidos de estas cosas exteriores y darles de tal manera de mano que, sin entenderse, se le cierran los ojos por no las ver, porque más se despierte la vista a los del alma. 

Así, quien va por este camino casi siempre que reza tiene cerrados los ojos, y es admirable costumbre para muchas cosas, porque es un hacerse fuerza a no mirar las de acá. Esto al principio, que después no es menester; mayor se la hace cuando en aquel tiempo los abre. Parece que se entiende un fortalecerse y esforzarse el alma a costa del cuerpo, y que le deja solo y desflaquecido, y ella toma allí bastimento para contra él” (C 28 6).

“Y aunque al principio no se entienda esto, por no ser tanto -que hay más y menos en este recogimiento-, si se acostumbra (aunque) al principio dé trabajo, porque el cuerpo torna de su derecho, sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse por vencido), si se usa algunos días y nos hacemos esta fuerza, verse ha claro la ganancia y entenderán, en comenzando a rezar, que se vienen las abejas a la colmena y se entran en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro; porque ha querido el Señor que por el tiempo que le han tenido, se haya merecido estar el alma y voluntad con este señorío, que en haciendo una seña no más de que se quiere recoger, la obedezcan los sentidos y se recojan a ella. Y aunque después tornen a salir, es gran cosa haberse ya rendido, porque salen como cautivos y sujetos y no hacen el mal que antes pudieran hacer. Y en tornando a llamar la voluntad, vienen con más presteza, hasta que a muchas entradas de éstas quiere el Señor se queden ya del todo en contemplación perfecta. 

Entiéndase mucho esto que queda dicho, porque, aunque parece oscuro, se entenderá a quien quisiere obrarlo. 

Así que caminan por mar; y pues tanto nos va no ir tan despacio, hablemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder. Están más seguros de muchas ocasiones; pégase más presto el fuego del amor divino, porque con poquito que soplen con el entendimiento, como están cerca del mismo fuego, con una centellica que le toque se abrasará todo. Como no hay embarazo de lo exterior, estáse sola el alma con su Dios: hay gran aparejo para entenderse. 

Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así, que no hay edificio de tanta hermosura como una alma limpia y llena de virtudes, y mientras mayores, más resplandecen las piedras; y que en este palacio está este gran Rey, que ha tenido por bien ser vuestro Padre; y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón” (C.28.7-9). 

 

3 respuestas a “Aprende a Recogerte

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