El color de la Vida

Un anciano solicitó una plaza en una residencia. Cuando fui a buscarle para ingresar llevaba sus cosas en un caja de zapatos. Era todo lo que tenía. Tras la primera noche dentro le pregunté si se encontraba bien y contestó: – Hoy ha amanecido en mi vida. Creo que esa es la expresión justa para quienes entran en el Castillo Interior.

Al aceptar vivir en compañía del Dios que nos habita, la vida cambia. Su Amor nos va a llevar siempre la delantera, nos está esperando. Corre de nuestra cuenta colaborar con Él y organizar con «esfuerzo» nuestro propio Castillo.

Después de colocar cada aspecto de la vida en una habitación, las visitamos y nos «damos cuenta» de lo que hay. La visita la hacemos en compañía de Dios-Amor, dialogando con Él, es decir, orando. Valorando lo que somos, descubriendo lo que debemos cambiar, si se puede. Y cuando vamos por la calle, trabajando o estudiando, en cualquier momento del día, nos damos cuenta de su presencia amorosa. La vida tiene otro color, ha amanecido.

2 comentarios sobre “El color de la Vida

  1. Como tantas veces, luego de pecados graves, y sin tener ya tiempo de poder confesarme como Dios manda antes de dormir, el decir he amanecido y Dios no me ha llevado aún..,. qué grande es su misericordia ! Aún me espera para volver a El !

Los comentarios nos encantan :-)

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