No os pido mas que le mireis

Siendo fiel a santa Teresa y a la Iglesia actual, os presento la cumbre de la oración de meditación, que todos debemos practicar con la ayuda del Espíritu Santo.

He presentado varías opciones para conocer a Jesucristo y hacernos sus amigos. La que viene a continuación es la más importante. Ella no pertenece a la escuela de la oración metódica como san Ignacio en sus geniales Ejercicios espirituales. Su método consiste en no tenerlo, podemos decir que su desorganización forma un sólido sistema. Desde la libertad que Dios nos da vamos adaptando las diversas posibilidades a nuestra forma de ser.

1- Consigue un librito con la Palabra de Dios de cada día propuesto por la Iglesia. O busca en internet, hay varias web, o baja un App, Salterio, E-prex u otro cualquiera.

2- Busca un rincón en tu casa para estar a solas con Jesús Hombre. También se puede hacer en el autobús, tranvía, caminando, etc., y, si puedes, al lado del Sagrario.

3- Examina tu conciencia después de santiguarte, como forma permanente de conocimiento propio aprendido en la morada primera. Y pide perdón a Dios por tus errores.

4- ”Representad al mismo Señor junto con vos”, es decir, sé consciente de estar con el maestro que desea enseñarte.

5- Lee al menos dos veces la Palabra del día. Te dan tres platos de comida. Si eres novato en la materia quédate con el evangelio. Con un poco de perseverancia cada palabra y cada gesto de Jesús te hablarán. Medita su significado y procura adaptarlo a tu vida.

6- A continuación déjate “mirar”. Y mírale. (Este paso lo explícaré más).

Dedica el tiempo que puedas, en especial los domingos después de participar en la eucaristía. No pasa nada si un día o varios no puedes. No dejes nunca esta forma de oración de meditación.

Primer texto de Teresa para leer y aprender:

”La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero.

Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?

¡Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del entendimiento ni podéis tener el pensamiento sin divertiros!, ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa, y eslo muy grande” (Camino de Perfección 26.1-2).

Segundo texto teresiano:

”No os pido ahora que penséis en El ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras. Haos sufrido mil cosas feas y abominaciones contra El y no ha bastado para que os deje de mirar, ¿y es mucho que, quitados los ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a El? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya” (Camino de Perfección 26.4-5).

Tercer texto de Landulfo de Sajonia, leído por ella e Ignacio y sin duda practicado por ambos:

”Hazte presente a lo que dice o hace Jesucristo y a lo que se narra, como si lo oyeras con tus oídos, y lo vieras con tus ojos (…). Aunque muchas de estas cosas se cuentan como hechas en el pasado, medítalas como si se hiciesen en el presente; así gustaras mayor suavidad. Lee lo que pasó, como si se hiciese ahora. Pon ante tus ojos los hechos pretéritos como presentes, y los sentirás más sabrosos (…).

Te basta con poner ante los ojos de la mente lo que ha dicho o hecho el Señor; que converses familiarmente con él (…). En todas las palabras y obras de Cristo medita así su modo de proceder y qué hace: cómo se portó en todo y cómo pudo portarse según te parece a ti, ya que en todas las cosas actuaba siempre del modo más perfecto, siendo él siempre en todas las cosas el mejor.

Era dulce su mirar, suave en la conversación, benigno en todo su trato. Contempla sobre todo su rostro, si te lo puedes imaginar.

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