Virtudes, esas grandes olvidadas

virtudes

Releyendo estos días los capítulos que santa Teresa dedica a la oración de meditación, me daba cuenta de la imposibilidad de resumir en pocas líneas toda su riqueza. Por eso creo preferible aconsejar a los caminantes espirituales leerla directamente varias veces como lectura espiritual, y dejar que sea cada uno de nosotros quienes vayamos descubriendo su riqueza ayudados por el Espíritu Santo. Es conveniente releer despacio las segundas moradas, los capítulos de Vida 11-13. De Camino de perfección, los capítulos 21-27. La oración de recogimiento es propia de las terceras moradas.

De Teresa se ha dicho con razón que es maestra de oración. Es cierto, aunque insuficiente. Para mí es maestra en el arte de enseñarnos a vivir. Y la vida espiritual -según ella-, confirma que la oración es la puerta del castillo. Ésta tiene unas consecuencias obligatorias: las progresiva transformación de la persona y la acción. No deja de ser curioso que el Camino de Perfección, libro que enseña a rezar comentando el Padrenuestro, dedique los capítulos iniciales a hablar de las virtudes.

La advertencia acerca de su importancia la explica en Vida 12.3:

”Puede en este estado hacer muchos actos para determinarse a hacer mucho por Dios y despertar el amor, otros para ayudar a crecer las virtudes“.

Las virtudes son lo que en actualidad se llama educación en valores. Es sinónimo de otro término usado con frecuencia, “efectos”, es decir, los cambios de comportamiento que obligatoriamente han de nacer de la oración de meditación. Por tanto, las virtudes en nuestro caso, son la forma de ver la vida que tenia Jesucristo y que vamos descubriendo con la práctica de la meditación. Esos cambios, imperceptibles al comienzo, nos van “disponiendo”, es decir, preparando a encuentros cada vez más profundos con la sacratisima Humanidad. Trataremos con ellos de irnos pareciendo cada vez más a Jesús.

Iré presentando unos pocos en la segunda morada y, el resto en la tercera. Algunos ya se han dicho, conocimiento de nosotros mismos, valorar nuestra dignidad de personas libres, hijos de Dios en el Hijo, perseverancia, etc.

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