San José y Maria Magdalena

SAN JOSE

Entre las ayudas ofrecidas por la Iglesia hemos destacado, la experiencia fuerte de los monasterios contemplativos, los sacramentos (en especial la reconciliación y la eucaristía), y los grupos de cristianos que se hacen espaldas en el itinerario espiritual y son el futuro del cristianismo y, por encima de todo, el Espíritu Santo. Hoy comento las dos ayudas del cielo, san José y María Magdalena.

Para Teresa fue la intercesión de san José quien la curó de su grave enfermedad de juventud. Fueron diversas las fuentes que le hicieron llegar a esa estima, “La leyenda De los Santos” de Jacobo de la Vorágine, los Cartujanos y, en mi opinión, el escrito publicado por Bernardino de Laredo en sus dos ediciones de “La subida al monte Sión“, titulado “Josephina“. Dos fueron las personas que más tuvieron en sus brazos al Hijo de Dios, José y María. En silencio. Nunca pueden fallarnos en nuestras necesidades espirituales y a ellos recurrirá siempre.

Hay una razón última a esa preferencia, tanto de San José como de María Magdalena que se remonta al Antiguo Testamento. A saber, la preferencia por parte de Dios de elegir en momentos difíciles a colaboradores pequeños, pecadores, o don nadies. La misma preferencia por lo oculto y lo sencillo se manifiesta en la eleccion de imágenes para su iconostasio y en la eleccion de sus santos predilectos. En el Nuevo Testamento será en Filipenses 2 donde se nos da a conocer. Cristo se despojó de todo y pasó por uno de tantos hasta hacerse esclavo nuestro. (lo descubrí gracias a mi amigo José Vidal Talens quien en sus libros lo explica muy bien).

El caso de María Magdalena, a la que me he referido por su importancia en varias ocasiones, destaca por su conversión y condición de pecadora pública. La influencia y visualización le llega a través de grabados y litografías, más que de la pintura de escuela, donde tantas veces jugó el papel de un erotismo solapado. Ella se ve a los pies de Cristo Hombre, resucitado o como andaba en el mundo. Con preferencia por los lugares donde estuvo solo según la tradición recibida, en el monte de los olivos o cuando estaba atado a la columna.

Mucho se ha escrito sobre la imagen de su conversión definitiva y me he equivocado en varias ocasiones. Cada vez me inclino más por una imagen de Cristo atado a la columna con la Magdalena a los pies. De momento no la he encontrado.

Una tradición muy arraigada no duda de la imagen de San José, llamado “el Parlero”, porque le hablaba. Algún día aparecerá la imagen predilecta de la Magdalena haciendo compañía a Jesús, sobre la que se funda su conversión adulta.

Algunos textos teresianos:

”Y tomé por abogado y señor al gloriosoSan José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra -que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar-, así en el cielo hace cuanto le pide” (Vida 6.6).

“Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Paréceme ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío” (Vida 6.7).

”Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas; mas por no hacer más de lo que me mandaron, en muchas cosas seré corta más de lo que quisiera, en otras más larga que era menester; en fin, como quien en todo lo bueno tiene poca discreción. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial, personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino. Plega al Señor no haya yo errado en atreverme a hablar en él; porque aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he faltado” (Vida 6.8).

De María Magdalena elijo un texto y cambio la puntuación elegida por los editores para destacar el papel que jugó en su conversión:

”Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas; mas por no hacer más de lo que me mandaron, en muchas cosas seré corta más de lo que quisiera, en otras más larga que era menester; en fin, como quien en todo lo bueno tiene poca discreción. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial, personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino. Plega al Señor no haya yo errado en atreverme a hablar en él; porque aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he faltado. Era yo muy devota de la gloriosa Magdalena y muy muchas veces pensaba en su conversión, en especial cuando comulgaba, que como sabía estaba allí cierto el Señor dentro de mí, poníame a sus pies, pareciéndome no eran de desechar mis lágrimas. Y no sabía lo que decía, que harto hacía quien por sí me las consentía derramar, pues tan presto se me olvidaba aquel sentimiento. Y encomendábame a aquesta gloriosa Santa para que me alcanzase perdón.
Mas esta postrera vez de esta imagen que digo, me parece me aprovechó más, porque estaba ya muy desconfiada de mí y ponía toda mi confianza en Dios. Paréceme le dije entonces que no me había de levantar de allí hasta que hiciese lo que le suplicaba. Creo cierto me aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces“ (Vida 9.1-3).

(Si quieres saber más recurre al “Diccionario de santa Teresa”, coordinado por Tomás Álvarez y publicado en Monte Carmelo. Ambos santos están muy bien explicados).