Alimento para el Alma

Desde que Teresa aprendió a leer de niña, su afición a la lectura de libros de espiritualidad fueron de gran ayuda en su vida. Pasó de interesarse por las novelas de caballerías a la lectura de libros espirituales conforme se fue adentrando en la fe cristiana. Hasta el punto de poder decir que detrás de cada búsqueda hay un libro, un confesor, algunos amigos y un amigo teólogo. En cada uno de los libros que lee encuentra la respuesta a lo que en ese momento anda buscando. Algunos de ellos le parecen tan importantes que ruega a las prioras de su monasterios que siempre estén en la biblioteca del convento: “Tenga cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial Cartujanos, Flos Sanctorum, Contemptus Mundi, Oratorio de Religiosos, los de fray Luis de Granada y del padre fray Pedro de Alcántara; porque es en parte tan necesario este mantenimiento para el alma, como el comer para el cuerpo” (Constituciones 2.7).

Por otra parte, le serán de gran ayuda para aprender la oración de meditación. En Vida 4 nos da indicaciones desde su experiencia cuando no se puede meditar con el entendimiento: “Procuraba lo más que podía traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente, y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso [de la Pasión], le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con el entendimiento ni de aprovecharme con la imaginación, que la tengo tan torpe, que aun para pensar y representar en mí -como lo procuraba traer- la Humanidad del Señor, nunca acababa“ (Vida 4.7); después de la enfermedad “quedé amiguísima de leer mucho”; “gran bien fue para mí no haber dejado la oración y lección” (Vida 8.10). Durante bastantes años no entendía lo que leía. Cuando llegó a entender se pasó a las vidas de santos. Estuvo catorce años sin poder hacer oración mental: 
“Yo estuve más de catorce que nunca podía tener aun meditación sino junto con lección. Habrá muchas personas de este arte, y otras que, aunque sea con la lección, no puedan tener meditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Hay pensamientos tan ligeros que no pueden estar en una cosa, sino siempre desasosegados, y en tanto extremo que, si quieren detenerle a pensar en Dios, se les va a mil disparates y escrúpulos y dudas” (Camino de Perfección 4.3); en conclusión nos dirá: “Así que, hermanas, oración mental, y quien ésta no pudiere, vocal y lección y coloquios con Dios” (Camino de Perfección 18.4).

Lo maravilloso será descubrir que, con un poco de paciencia llegó a pasar de la “lección” a la meditación e incluso a la contemplación: “Todo el tiempo me parece breve y que me falta para rezar, porque de estar sola nunca me cansaría. Siempre tengo deseo de tener tiempo para leer, porque a esto he sido muy aficionada. Leo muy poco, porque en tomando el libro me recojo en contentándome, y así se va la lección en oración, y es poco, porque tengo muchas ocupaciones, y aunque buenas, no me dan el contento que me daría esto y así ando siempre deseando tiempo, y esto me hace serme todo desabrido, según creo, ver que no se hace lo que quiero y deseo” (Relaciones, o Cuentas de Conciencia 1.7).

Leerla a ella y a los maestros carmelitas será nuestro alimento espiritual en los comienzo de la oración mental. El método de lectura y le lectura de la Biblia lo dejamos para mañana.

Abrazos a los “siervos del amor”.